El nombre de Álvarez debería haber sido uno de los más codiciados en el mercado de fichajes. Su brillantez en el Mundial y sus frecuentes apariciones como suplente en el Manchester City ya habían demostrado que no era un jugador cualquiera. Sin embargo, en el Etihad Stadium, la estrategia táctica de Guardiola favorecía constantemente a Haaland, obligando a la "Araña" a despedirse a regañadientes de la Conjunto Manchester City niños y fichar por el Conjunto Atlético Madrid niños, donde vistió la rojiblanca. Pensó que un cambio de aires le permitiría brillar, pero no imaginaba que una barrera invisible siempre separaría la férrea filosofía de Simeone de su ágil estilo de juego.

Su adaptación al Atlético de Madrid no fue fácil. Álvarez destacaba por su movilidad, sus desmarques y su capacidad para combinar con sus compañeros en jugadas rápidas, mientras que Simeone necesitaba un delantero capaz de imponerse físicamente en el campo. Sus filosofías tácticas resultaron irreconciliables. En ese momento, tanto el Real Madrid como el Barcelona presentaron ofertas, pero el problema era que ambos eran los archirrivales del Atlético de Madrid en La Liga. El Atlético de Madrid prefería tener a sus jugadores en el banquillo antes que permitir que se convirtieran en valiosos activos para sus rivales. Por lo tanto, lo catalogaron rotundamente como "no en venta", bloqueando así cualquier posibilidad de traspaso.

Finalmente, el Real Madrid fichó al espigado delantero del Levante, Ezpilicueta, mientras que el Barcelona adquirió a Anthony Gordon y Adyemi, ofreciendo así alternativas a ambos clubes. ¿Y qué pasó con Álvarez? Solo le quedaba quedarse en el Wanda Metropolitano, esperando que Simeone diseñara un sistema táctico más adecuado para él, o que perfeccionara sus habilidades, ajustara su estilo y recuperara el control de su destino. El destino de un genio no debería estar condicionado por las tácticas, pero a veces, la clave del futuro reside únicamente en sus propias manos.